La Historia de Caroline Crachami

Caroline Crachami vino al mundo en 1815 en Palermo (Italia). Con un peso de 454 gramos y tan solo 20 centímetros de estatura era conocida como “El Hada Siciliana”.

Se trata del primer caso registrado de enanismo primordial (MODP). Una enfermedad extremadamente rara (menos de 100 personas en el mundo) que se caracteriza por un retraso en el crecimiento intrauterino y postnatal.

Chalon, John James, 1778-1854; Caroline Crachami (d.1824)

Pintura realizada en 1826 (dos años después de la muerte de Caroline Crachami). Por John James Chalon.

En su retrato, a la edad de nueve años, llama poderosamente la atención su cara angosta con la nariz en forma de pico y su pequeña cabeza (microcefalia) con el maxilar inferior reducido. Estas características de su perfil hacen pensar que podría tratarse de un tipo de enanismo conocido como de cabeza de pájaro o síndrome de Seckel. Una enfermedad congénita y hereditaria.

Caroline Crachami

Detrás del pequeño tamaño de Caroline Crachami se esconde una gran historia con un amargo final

Los primeros años la pequeña vivió feliz al lado de su familia hasta que, el destino y una salud extremadamente frágil, la llevó a conocer al Dr. Gilligan. Este médico aconsejó a sus padres un cambio de clima y propuso llevarla con él a Inglaterra.

“En beneficio de la ciencia” fue mostrando a la pequeña por varias universidades de medicina, pero viendo el exito obtenído decidió exhibirla en un freakshow. Un espectáculo itinerante de fenómenos humanos muy de moda en la época victoriana.

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Crachami se exhibió en Liverpool, Birmingham y Oxford antes de llegar a su sala de exposiciones de moda en Mayfair. Incluso fue recibida en el Palacio Carlton por el Rey Jorge IV, quien quedó prendado por su apariencia.

Cientos de personas, movidas por una siniestra fascinación, hacían cola para ver ¡por un chelín la maravilla de nueve pulgadas!. Los más morbosos por una moneda más podían oírla cantar con su voz fina y aguda; cogerla en brazos y darle de comer a la boca como si de una muñeca viviente se tratara.

En 1824 su salud comenzó agravarse. Posiblemente padecía tuberculosis y con tan solo nueve años la pequeña murió presa del agotamiento en medio de una función delante de más de doscientos espectadores .

La historia no termina aquí

El Dr. Gilligan creía que sus codiciados huesos aún podrían resultar lucrativos. Intentó vender el cuerpo de Caroline (por 110 libras) a varias escuelas de anatomía. El padre de la pequeña, tras enterarse de la triste noticia, viajó a Londres e intentó recuperar sus restos, pero ya era demasiado tarde. Su cuerpo había sido vendido o robado (nunca se sabrá con certeza).

Su esqueleto, de tan solo 50 cm, se conserva en El Museo Hunterian del Real Colegio de Cirujanos de Londres. Se sostiene con el apoyo de una varilla de metal que se enhebra a lo largo de la espina dorsal y sobresale del cráneo. Paradójicamente, sus diminutos huesos se encuentran expuestos justo al lado de los de Charles Byrne, “El Gigante Irlandés” que llegó a medir en vida 2,5 metros.

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Un par medias de seda, unas zapatillas de bailarina grises con lazos negros, un dedal y un anillo de rubí, son algunos de los objetos que pertenecieron a la pequeña en vida. Se muestran al público al lado de su  máscara mortuoria realizada en cera junto con un molde de sus pies y sus manos.

Los registros dentales de Caroline sugieren que no tenía nueve años en el momento de su muerte, sino aproximadamente tres. Se podría pensar que el Dr. Gilligan mintió intencionadamente sobre su edad para atraer más visitantes o bien,  se trata del retraso en la maduración ósea y dental características del su condición.

Charlotte Garside. El último caso registrado de enanismo primordial

Afortunadamente los tiempos cambian. La vida de Charlotte Garside, el último caso registrado de enanismo primordial, es completamente diferente a la que vivió Caroline. Al nacer solo la dieron un año de vida. Sin embargo, sigue asistiendo a la escuela como todos sus compañeros, tiene una personalidad deslumbrante y lleva una vida feliz.

La suya es una historia de superación y solo espera que los demás puedan verla más allá de su tamaño.

 Por MARGA ARIAS.

 

Fuentes consultadas:

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